martes, noviembre 29, 2005

Sólo ante el peligro



Genial, la vida es móvil…, cuando viajo, a cuenta del pollo, se entiende, ya que los hoteles tienen precios escalofriantes.

Soy uno de esos afortunados Sres. que llegan a la habitación de un hotel en una ciudad cualquiera, donde asiste a una feria comercial de trabajo y al acabar el día, si lo desea puede encender su ordenador portátil, conectarse a la red y jugar con sus favoritos, si lo considera necesario claro, que por conectarse durante 2h te cobran 9 Euros del ala de conexión WIFI, ¡Exageraos! que sale más caro que ver cuatro películas al día en el "Pay for View". Creo que optaré por ver una película que me ha prestado un amigo, “Sólo ante el Peligro”. Congelo la imagen y la paso a pantalla.



Mañana será otro día….,

Me temo que si esto sigue así, finalmente tendré que pagar la conexión, estoy incomunicado en un hotel de tres estrellas…., (parece que sean dos) y las películas antiguas me aburren, tal vez me ponga un poco de música en MP3, para ambientarme, haber algo que encuentro…, música que me consuele durante un momento.

A lo que iba ahora que…, agarrar otro día por los huevos y ya sabes chaval, con el puñal en la boca, guerra de guerrillas y peor aún…, no se que escribir. Y aquí estamos en el chocolate espeso de mi mente, dándole vueltas al coco, sin nada claro que escribir”te”.

Escuchando la música de Sting, la noche me envuelve, escribiendo en la página, ¿que contar?, “érase una vez”…, ya se abracadabra, pata de cabra…., el tiempo intenso se esfuma y ahora las horas transcurren lentamente, preparado, listo, ya es otro día, nuevamente saldré a investigar. Ahora de verdad, cuéntame un cuento.


sábado, noviembre 19, 2005

La Noche de los Feos - Mario Benedetti

Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia. Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza.

No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.

Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos - de la mano o del brazo - tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.

Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.

Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía
mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.

Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.

La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó. La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.

Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó)para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo."¿que está pasando)", le pregunté. Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma."Un lugar común", dijo. "Tal para cual". Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba transpasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.

"Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"
"Sí", dijo, todavía mirándome.
"Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida."
"Sí."
Por primera vez no pudo sostener mi mirada.
"Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo."
"¿Algo cmo qué?"
"Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay
una posibilidad."
Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.
"Prométame no tomarme como un chiflado."
"Prometo."
"La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro
total. ¿Me entiende?"
"No."
"¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"
Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.
"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."
Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí,
tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.
"Vamos", dijo.

No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse. Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estuimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.

En ese instante comprendí que debía arrancarme ( y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso. Tube que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos ( al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas. Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.

Lloramos hasta el alba. Desgraciados , felices. Luego me levanté y descorrí la
cortina doble.

jueves, noviembre 17, 2005

El Jardinero Fiel

Ayer pude ver en el cine la película El Jardinero Fiel, me ha parecido una película bastante interesante, conmovedora, dura y controvertida, cuenta una historia basada en el libro de John Le Carré. En ella observamos nítidamente, en toda su crudeza, lo mal repartido que esta el mundo.

El argumento de la película gira en torno a los intereses de las industrias farmaceúticas y a las conspiraciones de políticos sin escrúpulos del gobierno inglés, que matan asesinan y realizan experimentos con seres humanos, con el ánimo de enriquecerse, sobre una hipotética y más que posible pandemia a nivel mundial, en este caso de Tuberculosis. El argumento parecería sacado de una historia del Pollo, si no fuera porque dispongo de informaciones reveladoras y competentes del Nacional Geographic sobre esta conocida enfermedad que en la actualidad cuenta con cepas resistentes a la mayor parte de los antibióticos conocidos. En resumidas cuentas, aunque la película trata de amor, no te alegrará el corazón. Del todo recomendable. Notable alto.

sábado, noviembre 05, 2005

La leyenda del Zorro

Ayer me fui de compras con mi chica y acabamos en el cine viendo la película “La leyenda del Zorro”, al elegirla en cartelera sólo seguimos el criterio de entretenernos un poco y la película con sus más y sus menos lo consigue. Nada nuevo por otra parte, es la misma historia de siempre, continuando con la segunda parte. Lo cierto es que los guionistas no se han roto la cabeza realizando el guión y la interpretación de los actores es más bien del montón, salvando a nuestro querido Antonio Banderas, que en mi opinión realiza mejor que su partenaire Catherine Z. Jones el papel de un Zorro muy humano. En mi opinión lo más hermoso de la película es “Ella”, naturalmente que esta guapísima, ¡como no!. Las chicas sin duda (off course) le preferirán a “El” que esta para comérselo, (más maduro) lo cierto es que los dos están súper-guapos y la cinta en tono romántico ofrece primeros planos espectaculares de los actores luciendo palmito en el Zenit de sus carreras. Alguna escena como la del estallido del tren al final de la película, son espectaculares al más puro estilo de Hollywood y sus millones Agradable, se deja ver, para todos los públicos.

miércoles, noviembre 02, 2005

Flores Rotas

El otro día, antes de salir de viaje hacia una feria comercial, no me dió tiempo de comentar mis impresiones sobre la película, Flores Rotas.

Después de haberla visto en el cine, pienso que el argumento de la película en si mismo es gracioso, no obstante es lo único que tiene y hay se acaba todo su encanto. Uno puede dormirse tranquilamente durante su proyección, casi igual a como lo hace al principio de la cinta el protagonista de la película Bill Murray.

Las escenas casi me dejan traumatizado por su soporífera lentitud. Imaginé que la película mejoraría después de aquel extraño principio. Tenían que ser imaginaciones mías, aquello tenía que mejorar y lo hizo en parte, hasta su inexplicable final.

Me había guiado por sus fabulosas críticas y el excelente cartel de ganadora al premio en Cannes. Personalmente no me ha gustado nada. La cinta es una coproducción Americano-Francesa y tal vez de ahí le llegue el premio. El actor resulta agradable, pero la forma de contar su historia en la película un completo desacierto. En fin, como valoración un aprobado muy justo y si me apuras la suspendo.